La búsqueda como repuesta en la obra indeleble de José Parra

La búsqueda como repuesta en la obra indeleble de José Parra
Por María De las Nieves Fals Fors
martes 2 de julio, 2019

José Parra, pintor veterano de la República Dominicana, cibaeño de pura cepa, indómito guerrero del arte y de la exploración del universo de las formas y el color, nos recibió un día 30, un día puente entre dos instantes, allá en su casa de escaleras azules que competían en su tonalidad con el cielo  de un junio caribeño, mientras nos rodeaban los rezos de la misa de 11 de la Iglesia del parque Colón. Entre colores y luces y una voluntad de hierro para crear, andar, soñar, este patriarca sencillo me abrió las puertas de su casa y de sus sueños estéticos en el corazón de Santiago.

Criado en Tamboril, descendiente de una numerosa familia de 8 hermanos, dio sus pasos iniciales en el arte a partir de 1977 de forma esporádica y desde 1983 ya  trabajó sus obras de forma definitiva. De esa ya lejana época aún conserva dos retratos, dos dibujos a lápiz. Desde  uno de ellos nos observa la sombra sutil de Leonardo envejecido que se alza como la premonición del camino preñado de escollos que le esperaba a ese  Parra artista de alma inquieta,  que  estaba iniciando en esos momentos un camino  lleno de diversidad y de búsquedas.

 

 

Las más de cinco mil obras de este artista se iniciaron dentro de la figuración,  el paisaje costumbrista y el retrato. Siendo un autodidacta, no ha dejado de estudiar a Picasso, a Kandinsky  y a Jackson Pollock, de los que toma en algunas obras el geometrismo, en otras el lirismo de la aventura abstracta y el fluir de un chorreado multicolor que recuerda el decursar de la conciencia.

En el bosque de los cuentos que es su taller, se observan cuadros creados en madrugadas insomnes de posesión artística. En ellos se revela el espíritu de este fundador de universos místicos; en algunos momentos el color es cálido y te envuelve de optimismo, en otros las sombras aluden al miedo, a lo oculto o a lo incognito;  las siluetas siempre viajan, se mueven, se transforman de una a otra mirada,  giran en una espiral de texturas y matices y nos convocan a una bacanal de fuego entrecruzado donde el rojo, el azul y el naranja vencen sobre el ocre, el gris y el violeta.

 

Otras obras, sin embargo, buscan la cuadrícula, la repetición de motivos, donde el orden se impone para encerrar lo inmenso que pretende desbocarse. Los soportes o matrices sobre los que se alzan las formas y los mensajes  de este forjador de imágenes son sumamente diversos: lienzos, CDs, pedazos de cartón abandonados, superficies plásticas de formas redondeadas, objetos encontrados, donde se usan técnicas mixtas que hacen aún más rico el caos irreverente donde se mueve el aliento del creador.

Muchas de las obras aún no han sido bautizadas por su Padre Artista, dejando el nombre del objeto a la interpretación sígnica del espectador que puede ver  en su superficie una paloma, un caballo, una virgen o una mancha de color en la misma imagen. José Parra no soporta aprisionar a los que contemplamos a estos hijos de sus viajes cósmicos con un nombre que estreche los significados, sino que prefiere dejar la ventana abierta a la construcción de sentidos por parte del  espectador, para que la multiplicidad de pensamientos  se ejercite captando el mensaje en la interacción con los pedazos de sí mismo.

Es por eso que muchos de sus formatos tienen la firma en la parte trasera o no han sido firmados, para que giremos la obra en una sinfonía de cuatro tiempos, logrando que una figura humana se troque en un paisaje con un simple movimiento y luego en un dragón y más tarde en la partícula original del mundo de Siempre Jamás. Una obra cinética, luminosa, un mundo aparentemente simple, pero de una profundidad filosófica que nos impacta y nos reta.

Los formatos son diversos, van  desde miniaturas hasta soportes de 1.00 x 1.50 metros. Planes, caminos, rostros, larvas, sangre, mares de coral, incomunicación, timidez, dudas, desorden, estructura, alma, expectativas, coraje, perseverancia, fe. Y sobre todo fuerza, salvación y positivismo. Esos  son los sentimientos y tópicos que migran de un punto a otro en cada uno de esos pequeños retozos de la imaginación  de ese árbol de amplia sombra nombrado Don José Parra.

Te invito a que transites a su lado custodiando el  ritmo lento de su paso, para que puedas penetrar como yo pude hacerlo en la maravilla de  su taller y de su mundo y luego, bajo la sombra de un saman centenario, en un banco deshojado de impaciencias, te sientes a meditar las grandes preguntas: ¿quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos? Junto a Parra encontré mis repuestas, búscalas tú en las aguas eternas  de ese espejo de agua limpia que se llama la Esperanza

Por: María Fals.

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