Personas que no están en la cárcel podrían pasar la eternidad en el infierno, si no se arrepienten

Personas que no están en la cárcel podrían pasar la eternidad en el infierno, si no se arrepienten
Por Enrique Aquino Acosta
sábado 13 de julio, 2019

Durante el “régimen de los doce años” en  que gobernó nuestro país, el Dr. Joaquín Balaguer, los estudiantes y otros grupos  de presión  social enarbolaron el slogan que decía “UNIDAD Y  ACCIÓN CONTRA BALAGUER”. Muchos de ustedes lo recuerdan. Lo escuchábamos en los pasillos de la UASD, en  los liceos públicos, en las escuelas nocturnas y  en las calles, durante  las protestas que se hacían.

Recientemente y en términos prácticos,  las  iglesias católica y  evangélica acaban de recurrir a la “UNIDAD Y  ACCIÓN”, no contra lo que significó políticamente el  régimen de Balaguer, sino, contra  la llamada  “ideología de género”, al considerar que  promoverá  la  homosexualidad  y  el lesbianismo e  impedirá que  la   familia  procree, fructifique,  crezca y  se  multiplique, como establece Dios (Génesis 9:7)

Ojala  esa  “UNIDAD Y  ACCIÓN” física no se limite  a la lucha contra la llamada  “ideología de género” y a otros males sociales. Debería extenderse a los asuntos doctrinales para unificar  la  enseñanza,  fe  y  práctica de la Palabra de Dios. Así terminaríamos siendo de un mismo sentir y  de un mismo parecer respecto a lo que establece Dios.

Esto así, porque Dios desea que  vivamos  en el Espíritu y no en la carne, razón por la cual,  nos llama  al arrepentimiento de nuestros pecados para borrarlos y convertirnos en  verdaderos  creyentes, en vista de que separados  y ajenos a  lo que  dice y manda Dios, mediante su Santa Palabra (la Biblia) no cumpliremos su Santa Voluntad y seremos reprobados.

Necesitamos entender la existencia de un  solo  Dios y un solo mediador entre EL y nosotros. Ese mediador o intercesor es nuestro Señor y Salvador Jesucristo. No hay otro. Escuchemos su voz y no endurezcamos nuestro corazón.

En tal virtud, debemos sacar tiempo para leer, meditar, conocer, creer y poner en práctica los mandamientos, estatutos, preceptos  y leyes de Dios. Están  escritos en la Biblia que usan los católicos y en la que usan los evangélicos. Unámonos en la realización de estas importantes tareas y  utilicemos el púlpito para exhortar sobre ello.

Lo que complace a Dios no son nuestros sacrificios humanos, sino, que obedezcamos lo que dice y manda su Palabra. Por eso, el Salmo  51:18-19 dice: un sacrificio no te gustaría, ni querrás que te ofrezca un holocausto. Mi espíritu quebrantado ofreceré a Dios, pues, El no desprecia un corazón arrepentido” (Biblia Católica Online)

Por tanto, abandonemos la desobediencia, rebeldía  y  apatía que nos caracteriza y  obedezcamos la voluntad del Dios Padre como Jesús. Recordemos que el mundo y sus deseos pasan. No así, la persona que hace la voluntad de Dios. Esta  permanece para siempre (1 Juan 2:17) Reina-Valera 1960

Renunciemos a la  mundanalidad, idolatría y carnalidad y admitamos que los ídolos de nuestro país tienen las mismas características que las de los otros países: tienen  boca y no hablan, tienen ojos y no ven,  tienen orejas  y no oyen, tienen narices y no huelen, tienen manos y no palpan nada y  tienen pies y no caminan. Tampoco hablan con su garganta (Salmo 115:5–8)

También  se debe abandonar  la  costumbre  de celebrar fiestas  a los ídolos, como la que se le hace a la virgen de la Altagracia y  a muchos otros. En lugar de ello, debemos adorar y honrar  a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, a quien debemos amar con todo el corazón, alma, mente y fuerzas.

Los  ídolos no salvan ni tienen vida ni espíritu. Son dioses muertos y ajenos a Dios, pura vanidad, debido a que donde están ellos no está Dios  y donde está Dios no están ellos (Jeremías 51:17)

En tal sentido, los ídolos que han colocado en los altares y paredes de muchas iglesias son mudos, ciegos, sordos, mancos, paralíticos y sin olfato. Iguales a ellos son quienes confían y creen en ellos (Salmo 115)

Hace siglos que los artesanos fabrican ídolos de oro, plata, hierro, bronce, aluminio, yeso, barro y madera. Estos se venden y  se compran como cualquier mercancía y los líderes religiosos los utilizan para hacer negocio  y ganar dinero. Por tal razón, usted no debe permitir que lo engañen más.

Además, las personas que  creen y ponen su confianza en los ídolos no heredan el reino de los cielos, a menos que se arrepientan. Esto lo dice la Biblia que usan los católicos y la que usan  los evangélicos. Es cuestión de obedecerá Dios.

Por tales razones, Dios llama a las iglesias  católica  y  evangélica a denunciar la práctica de la idolatría y cualquier otro pecado. Las llama a confesarlos para recibir su perdón, pues, quien encubre el pecado no prospera espiritualmente.

Los católicos y los evangélicos necesitan unificar sus doctrinas y creencias. Deben enseñar que la salvación del alma se obtiene por medio de la fe  en Jesucristo y no  por las obras sociales o de caridad que se hacen, no importa lo bueno que sean.

También se debe unificar y dedicar la alabanza y la adoración a Dios. Solo EL las merece. Pidamos que el Espíritu Santo toque nuestro corazón para que nos convenza, arrepienta, borre nuestros pecados y nos  ayude a vivir como  hijos de Dios.

Dejemos de aferrarnos a nuestros apellidos religiosos, doctrinales, conciliares y denominacionales, porque nos dividen. Por ello, debemos renunciar a todo eso y abrazar el evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo para que nos redima, unifique y salve nuestras almas.

Esforcémonos y animémonos en buscar nuestra unidad espiritual, o sea, en buscar y hallar el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la bondad y la fe que da el Espíritu Santo.

Católicos  y evangélicos, seamos unánimes en el  propósito, sentir, parecer y acción respecto a la fe, esperanza y santidad que nuestro Señor y Salvador Jesucristo demanda de nosotros como creyentes.

Por: Enrique Aquino Acosta

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